Este hijo mío no es un inútil. Sin embargo, lo acabo de ver tras la cristalera de su estudio, tirándose de los pelos y gritando frente a la pantalla de su portátil. Antes me ha escaneado unos documentos, ahora no sé qué pensar de él.
Lo llama todos los días a media tarde. Él siempre contesta medio enojado, cansado del poco trabajo que les llega. La muchacha es una santa: paciente, bondadosa... muy agradable. Se asemeja a esos peces tranquilos, de color indefinido y que nadan en grupos medianos. Conoce su tarea, aunque se prodiga en su sacrificio. Come yogures naturales y alimentos recomendados para mujeres embarazadas.
El tiempo anda revuelto y los chiquillos revolotean por toda la casa, comen mucho y durmen más. A mí no me sale este crucigrama y el cigarro me sabe raro. Creo que voy a llamar a mi mujer para preguntarle cómo cojones se desinstala la webcam, y así dejo de escribir este correo electrónico en el blog de mi nieto.
La abuela escruta el paisaje, en un recorte de una foto de M. de hace tres semanas.





