Friday, March 06, 2009

Nueva Tenochtitlan del Temblor

Cielito lindo, dime que existes todavía. Allá voy.

Monday, March 02, 2009

O Rei do Gol


He agarrado el vinito que estaban bebiendo las chicas en el salón y parece que me ha despertado un poco, después de algunos tragos. Estoy en bata y con alcohol en mis manos, y pienso que lo mejor que puedo hacer es mirar hacia adelante. Seguro que las lágrimas se me secan con el vientecillo victorioso que sopla en la cima de esta montaña de basura. "Eres el rey del mundo", me susurra mi zopilote. Yo asiento, y los rizos hacen cabriolas detrás de mis orejas y mando construir un castillo.

Soy refinado, candidatas, y tengo la amabilidad de parecer atormentado cuando lo único que pretendo es que me dejen tiempo para escribir.

Wednesday, February 18, 2009

La doble M


El fragmento de una película en blanco y negro. Los planos filmados por las microcámaras de mis ojos aparecen borrosos y movidos. Entonces, un barrido. Una figura quieta posa frente a la cámara. Esa silueta humana tiene la cabeza demasiado grande; a su lado hay un voluminoso bulto negro. La imagen sigue sin ser nítida y las microcámaras no han parado de moverse. En el plano ya no hay nadie, pero ya le hemos visto. Era él. Era Martín Mantra.

Sunday, February 08, 2009

Índice (y pulgar)


Abro mi buzón, el número 46. Saco un par de hojas rosa chillón que gritan créditos y depósitos bancarios, ideales para profesores de universidad. Los papeles huelen a tallarines chinos. Rescato un sobre naranja del fondo del casillero. Alguien lo ha abierto y lo ha vuelto a cerrar. En el dorso hay una hoja pegada con cinta adhesiva: "5372. To the student administering the evaluation". Ahora iba a ver el índice de satisfacción de mis alumnos del semestre pasado.

Las respuestas de tipo test me importan poco. Veo que se portaron demasiado bien, prodigándome respuestas de "strongly agree", la letra A, lo máximo. Prefiero pasar a las réplicas escritas. De las dieciséis que llegaron a mi buzón, diez hacen saber que se lo pasaron bien en clase, que se rieron (debo de ser un auténtico payaso); dos hablan de mi entusiasmo a la hora de enseñar; una combina la diversión y el entusiasmo; otra respuesta dice: "Conseguí aprender el español como un todo" (me juego el cuello a que se trataba de la rubita con rastas-y-ojos soñadores); una subraya mi vitalidad, y una última comenta que soy un tipo razonable. Cuando reparan en algún aspecto negativo, sus voces coinciden en señalar una tierna desorganización y una imagen de chifladura moderada: "Hay veces que el profesor parece estar fuera del aula". Para enmarcar.

De las respuestas en Other comments me quedo con éstas (traducidas):
-"He aprendido español, pero no sé cómo explicar lo que he aprendido, y eso no me gusta".
-"Inventó una escala de notas que nadie conseguía entender".
-"El señor Pérez era confuso con sus reglas, parecía no estar muy de acuerdo con el Departamento".
-"SUBIDLE EL SUELDO $$$".

No saco conclusiones, pero espero no oír llamadas extrañas a altas horas de la madrugada.

Tuesday, January 27, 2009

Recordatorio


Ahora las madrugadas vuelven a ser mías. Regreso a mi infancia escuchando Lady In Red de Chris De Burgh: los largos viajes cruzando el país de punta a punta, el olor de mi almohada y los días de judo en invierno.

También en largas noches miro los mapas. Ésos. Leo más cosas sobre los desiertos, los de hielo y los de arena. Ésos. Y durante horas busco vuelos que no voy a tomar. Me imagino aterrizando en Barrow uno de esos 65 días sin luz o llegando casi sin fuerzas a un pueblo de Mongolia, donde me dan leche de cabra y cobijo en una casa circular.

En demasiadas ocasiones muestro una actitud muy honesta, y me sorprende. 

Wednesday, January 21, 2009

Om


Yo nunca había estado en un templo hindú.

Es una bandeja circular, dorada y con una vela. Al final de la ceremonia, me pongo en la fila. Cuando llega mi turno, coloco un dólar en el platillo y hago movimientos circulares. A la tercera vuelta, más o menos, paro. Entonces cubro la vela con la mano, que enseguida me paso por la cabeza.

Los plátanos, las piñas y las manzanas frente al brahmin.

Doy vueltas en el interior del templo. Veo las figuras de los dioses, muchos de ellos de tez oscura: herencia sureña. Les toco los pies. Él me cuenta historias de cada uno.

El hombre con dibujos en la frente, de pie frente a la multitud, me da la bendición: me acerca otro platillo dorado con una vela con el que él previamente ha practicado los movimientos circulares. Yo vuelvo a cubrir la llama y a pasarme las manos por la cabeza. Luego se gira y toma una especie de sombrerito metálico de forma cónica que posa sobre mí durante unas décimas de segundo. Se vuelve a dar la vuelta. Vierte en mis manos leche con azúcar de un cazo minúsculo. Me la bebo. Me ofrece una servilletita y, justo cuando termino de secarme, me sirve almendras y uvas pasas.

La comida en el piso de abajo, donde todos nos reunimos en grandes mesas circulares para hablar de las nuevas generaciones, sin atragantarnos con el arroz, las lentejas, el yogur y las verduras al curry. De postre, shahi kheer demasiado dulce (cómo no) y buen té.

Thursday, January 15, 2009

La caló


Ponga esto en funcionamiento a la vez que lee.

Acabo de regresar de un paseo de veinte minutos por el campus de esta universidad ubicada en "un lugar bastante cuelgue". Había coches parados en medio de la carretera porque habían dicho basta. Al volver a casa, se me saltaban las lágrimas (convertidas en hielo) porque los dedos estaban a punto de dejar de dolerme bajo los tres pares de guantes que llevaba puestos. 

Dicen que es el día más frío desde 1996. Sólo sé que hoy, Weather.com señala temperaturas que oscilan entre -30 y -33ºC, y que con el viento se llega a los -40. La cámara de fotos se me ha petrificado, aunque empieza a responder, y he jugado a congelar camisetas en el balcón con un compañero de piso: en un minuto, después de mojarlas, se quedan como auténticas tablas.

Invierno, más. ¡U poco de rebuhito, po favó!

Sólo reza


Avanzábamos despacio sobre la nieve del aparcamiento, montados en ese school bus cristiano con destino a la salvación, a ese edificio monstruoso con un auditorio para más de 7.500 personas, cafeterías y restaurantes, jardines de infancia y enormes pantallas de televisión. Ahí iban a acabar con mi dolor.

El pabellón estaba a reventar: el patio de butacas y los tres anfiteatros, completos. En el escenario, un tipo joven hablaba de cómo veía a Dios a diario en su trabajo de carnicero. Un negro sentado frente a un piano de cola acompañaba con música lacrimógena el testimonio. Mi cara, mi cara. Alguien me dijo al oído: "Aquí sólo somos cristianos". Abandonamos el auditorio cuando la banda de música (una solista, dos vocalistas con sus guitarras, un bajo, un batería, tres coristas y el amigo negro del piano) comenzó a hacer bailar a la multitud.

Buscamos desesperadamente la salida, pero nos topamos primero con la "Sala de oración", donde cientos de personas clavaban sus ojos en las televisiones colgadas del techo. Estaban retransmitiendo la obra de teatro que representaban un padre y un hijo en el escenario del auditorio. El decorado era de película. Yo tenía ganas de hacer pis.

Los últimos dos minutos en aquel xanadú de entusiasmo suicida los dedicamos a recoger folletos sobre la (terrorífica) comunidad de Willow Creek, sobre las reuniones que mantienen algunos de sus miembros en cafés de la zona y sobre el taller "Familia Van Gogh: para familias y amigos cuyos seres queridos tienen una enfermedad mental".

Yo sólo me había levantado aquel domingo por la mañana. Y ellos sólo eran cristianos.
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