
Lento. Brama lento. Y es que existen una serie de fallas en la construcción de las casas: hechas de piedra, en el invierno se convierten en chuzos cúbicos y los inquilinos, si los hay, empequeñecen. Más pequeños. Por dentro, las grietas en las paredes estucadas forman un camino de capilares que se sumerge en el tejado de pizarra. El tejado es allí donde termina una casa.
De las casas, de esas casas, salen sus dueños, fallas peores que las grietas. Mudos caminan al bar, a estar. A estar. Uno, que habla poco, bracea y tartamudea sin que nadie le haga caso. Jadeando mira hacia otro, en otra mesa, distinta a la suya. El otro va por el cuarto y pide uno más: el suelo del bar le hace gracia. Ése sí que tiene capilares en la cara. Mesa de atrás: la dueña del bar comenta cosas evidentes, no emplea ninguna oración subordinada y sólo incluye complementos directos. Su marido la veja. Y a mi lado, El Hombre Que Robaba Agua De Regadío.
A la hora de despedirse, un arqueo de cejas colectivo, gris y sin ánimo de lucro.
Además de todo esto, la mayoría de las casas están mal orientadas.