Wednesday, August 06, 2008

Verano


Ayer hubo una alerta de tornado. Los maizales galopaban desbocados bajo el cielo verdoso y la sirena de emergencia hacía eco en el estadio. Me puse triste al mirar un todoterreno rojo soportando la tormenta, solitario en medio del aparcamiento. Tenía una rama incrustada en la ventanilla derecha que llegaba a abrazar el volante de forma cariñosa. A conducir, a conducir, pensé. A rodar por la llanura de soledad que sobrevuela los campos de algodón junto a los cementerios, los graneros de madera podrida que esconden un cuervo dentro, el polvo del camino que diluye los cruces entre los campos... y que convierte la sirena en un lamento y el temporal en un soliloquio gris, de voz ronca, que hace callar a las ocas.

Wednesday, April 09, 2008

Oh, ratas

Mañana es mi transformación: todavía no me decido entre Yuschenko o Joe Viterelli, dos tipos que desde septiembre de 2004 deberían haber sido hermanos.

Os dejo un tiempo. Se me hace tarde.

Sunday, April 06, 2008

Lo que él cree


Con mucha frecuencia, nada es igual a lo esperado.

Le parece evidente que la imaginación produce imágenes inventadas, pero a veces imagina tanto que está convencido de que una de esas mil imágenes que elucubra se convertirá en realidad: combina hasta tal punto personajes, reacciones, hechos y escenarios que parece imposible otra imagen. La equis recibe todos los valores. O casi todos.

Sin embargo, presume que la imaginación es un puñado de simiente en la mano de la realidad, esa chica atemporal tan seductora que no sabe si ama u odia. Él cree que Realidad es un valor jamás imaginado que recibe la incógnita, alguien que llega frente a su puerta, llama y anuncia: "No soy quien imaginabas que era. Yo ocurro". Por eso se extraña al pensar que Realidad es fruto de la imaginación, cuando es la misma Realidad quien la siembra, la misma que ocupará esa incógnita que hasta entonces era imaginación. Y es ahí cuando se pregunta si ella es la misma chica, Imaginación y Realidad, sólo que con una apariencia diferente. Se extraña: "¿Es Realidad, antes de ser tal, la prostituta Imaginación, la que se pasea por todas las mentes y todas hacen uso de ella?". Y luego cae en la cuenta que también Realidad se pasea por todas las mentes y todas hacen uso de ella, a veces convirtiéndola en mentira, es decir, de nuevo en Imaginación.

Realidad es la imaginación que él no llega a alcanzar. Ni siquiera ve el granero, porque él forma parte de la siembra. Con mucha frecuencia, él identifica la realidad con la imaginación.

Monday, March 31, 2008

Tus ojeras

Ahora (es decir, nunca), sirve de poco contar cómo van las cosas. Además, las cargas son demasiado pesadas o demasiado ligeras. Me marché, eso es todo.

El desierto nunca desaparece; creo que es mi casa llena de errores y mitades. Por eso, si tú me estas leyendo, piensa que llevo trozos de ti casi sin quererlos, liados en una madeja que nunca se separa de mi lado.

Saturday, March 15, 2008

Vida salvaje I


En este país persigo animales: conduciendo sin carné en un aparcamiento desierto, quise atropellar a unos mirlos; cuando fuimos a andar en bicicleta entre granjas y ciénagas, seguí durante casi cinco minutos a unos patos que no se decidían a remontar el vuelo; raqueta en mano, me puse a intimar con una zarigüeya cerca de las pistas de tenis.

A diario, juro a las ocas que sobrevuelan el cielo del medio oeste que me verán graznar más oxidado y triste que ellas.

Leo todo, nunca suficiente, y no escribo, no hablo. Alerta, me digo, alerta. Y camino más despacio en tu historia, en la de cualquiera, siendo un extranjero que persigue zarigüeyas sin marsupio: ocas con la suficiente inteligencia como para decidir si también debo estar alerta en el ocaso.

Mamá, que qué animal te pides.

Wednesday, February 27, 2008

Mañana la brújula


Frente a mí, en una mesa bañada por el sol, hay un tipo. Tiene la cara deformada por la viruela. Viste una camiseta de ésas que tienen serigrafiado un largo y sesudo mensaje acerca de la hipocresía estadounidense. Debajo, un pantalón de chándal sencillo y unas zapatilas de tenis cuarteadas. Se le enfría el café.

La cafetera humeante llega hasta el joven obeso que se sienta detrás de mí. Se hace llamar Norton y lleva gafas cuadradas. Con toda seguridad, fruto de padres conservadores que se sacrificaron por aquel hijo tonto. "Tengo tre-tre-treinta y tres años", dice cada vez que la camarera se acerca a su mesa. Ella le sonríe y se agacha dejando que los pechos bailen dentro de su blusa.

A mi lado, puedo adivinar una figura recta y antinatural. Sus diminutos ojos devoran una novela de Tom Clancy hecha una baraja; a ratos, sus finos labios resecos se curvan en una sonrisa siniestra. Permanece tan ensimismado en la lectura que no se da cuenta de que se le cae la baba. Cuando pasa de página, el hilo de saliva conecta con el antebrazo, construyendo un raíl mágico sobre el que algún tren con cargamento nuclear llegará a su boca desde el libro.

Por fin, al oeste, la ventana. Se ve un aparcamiento deformado por la viruela, de treinta y tres plazas y mojado por la lluvia. La mañana ya ha comenzado hace rato, y me pregunto qué tipo de brújula aleatoria es ésta, la que en ocasiones me señala cuatro puntos cardinales peligrosos.

Friday, February 15, 2008

Con dos pistolas y una escopeta

Una de las compañeras de piso de mi novia ha muerto. La hermana de un conocido ha sido alcanzada en cara, garganta y pecho; se mantiene estable a pesar de su estado crítico inicial. Vivo aquí, estudio aquí y cuando sucedió caminaba 20 metros del edificio.

Asesino.

NIU (la información más oficial)
El País
El Mundo

Monday, December 31, 2007

Mr. Embassy


–Hace poco escribí una historia. Bolígrafo negro, parte de atrás de una fotocopia a color del libro de familia. Sentado en el suelo de la embajada de Estados Unidos, leyendo que era hijo en página 3, pensé que en esa misma hoja de papel había otra identidad latente, en el reverso blanco. Y por eso me puse a escribir de oídas sobre aquello que menos me importaba.

»Aforo casi completo. 90 inútiles yendo y viniendo a las ventanillas en tres tiempos: primero, para entregar una media docena de documentos más el pasaporte; segundo, para la toma de las huellas dactilares y tercero, para la entrevista. Y él, joven de estatura media y con el teléfono del logopeda perdido, hizo la mejor de ellas”.

»Venía de Barcelona, con los ojos chisporroteando ilusión por hacer el máster de su vida en Boston. “Me lo he currado mucho”, argüía lloriqueando, después de que el hombre al otro lado de la ventanilla le recordara una condena sin cumplir. “Posibilidad de cárcel cero; eso fijo”, aclaraba el chico. “Como mucho una penalidad monetaria”. (Penalidad monetaria. Dios, tendría que haber visto su barbilla blanda, a punto de provocar una inundación, mientras lo pronunciaba).

»Parecía no resultar. El funcionariado de la embajada atendía con indiferencia las explicaciones del joven, respondiendo sus sollozos con gesto burocrático y maniqueo. Él, agobiado, balbuceó fragmentos de nada, de aquello que ocurrió en el jardín de un vecino hacía tres años y siete meses. “Mi amigo quería unas tulipas para su padre (manera bastante atípica para designar los tulipanes; puede que quisiera referirse a otra cosa). Fue una chiquillada”. Pero algo preguntó el entrevistador, una demanda que repitió varias veces acercándose más y más al cristal que los separaba. Sus labios se movieron cientos de veces formando las mismas formas agresivas y aristadas. Entonces, el universo colocó una coma en aquella embajada, guardando ese instante en el tiempo como si fuera un pedrusco de ámbar. Era demasiado estúpido para decirlo, así que se le escapó una voz minúscula y ronca: “Lo único que robamos fue excremento de vaca. Yo no me quedé con ninguna parte del botín”.

»Omito los lamentos posteriores del mozo, cuando farfullaba que iba “con la verdad por delante”. Qué drama. No le concedieron el visado, por supuesto. Se fue a casita con el encargo de enviar muchos faxes a no sé quién y luego llamar a la embajada de nuevo para ver si sonaba la flauta y poder obtener el ansiado F-1.

»En fin, creo que nada cambió en mi vida, esa mañana en suelo estadounidense. Sin embargo, algunos días más tarde, como la resaca de las olas, “penalidad monetaria” y “ninguna parte del botín” engrosaron una muy personal selección de frases hechas que normalmente suelto sin motivo. Hace poco adopté “la prolemática no esiste en mi vocabulario”, cuando oí en la calle a un tipo explicar a otro que un amigo “había tenido una prolemática con un gitano y volvió a casa con el ojo negro”. El interlocutor resolvió: “Pues la prolemática no esiste en mi vocabulario. Yo le habría metido el cuchillo por el culo y se acabó”.

»Hablando de todo y de nada. No sé qué diablos me pasa hoy que no puedo cerrar la boca, Mr. Embassy.

–Bueno, empiece por explicarme el motivo de su viaje a Estados Unidos, Mr. Shy.

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