–Hace poco escribí una historia. Bolígrafo negro, parte de atrás de una fotocopia a color del libro de familia. Sentado en el suelo de la embajada de Estados Unidos, leyendo que era hijo en página 3, pensé que en esa misma hoja de papel había otra identidad latente, en el reverso blanco. Y por eso me puse a escribir de oídas sobre aquello que menos me importaba.
Monday, December 31, 2007
Mr. Embassy
Thursday, December 27, 2007
De la llamada #428

La libertad entendida como la expresión pura de mi carácter en el espacio íntimo; la propia ensoñación que rellena los capilares hijos de vénulas (mi viaje siempre parece sucio) y se filtra a través de nada en particular: no me lo prohíbas, deja que sobre al mundo y se vea comprendido, forme un todo o una parte.
Cuando no entiendo algo, no me interesa o me parece estúpido, suelo poner mucha atención para olvidarlo lo más rápido posible.
Dime, te escucho.
Friday, December 21, 2007
La sabia voz de la conciencia
–Yo también podría arruinarte la vida. Pareces joven y fuerte; un buen ejemplar, sin duda. El procedimiento habitual es muy sencillo: primero te dejaré hablar sobre tu vida, mimetizándome con tus sentimientos. Seré el acompañante perfecto de tus soliloquios, igual que ese aguacero que cae en los momentos dramáticos de muchas películas sensibleras. Cuando haya recopilado todo el material (palabras, tono de voz y gestos de todo tipo), lo clasificaré según ámbitos. Con el primero de ellos te haré más daño que con ninguno: tu familia. Quedarás hecho trizas, te lo garantizo.
»Al principio seré comprensivo y afable con tus padres y hermanos (si es que tienes). Años después, cuando me gane su confianza, el cambio será tan radical que no podrán reaccionar, y, una tras otra, las peleas os llevarán al odio. Gracias a mí, tu familia se convertirá en una auténtica basura corrompida por el dinero, el rencor y algún drama infantil sobredimensionado. Y yo me encargaré de todo, no hará falta que tomes alguna vez la iniciativa.
»Yo lo puedo exterminar todo. Lo sabes.
–Sí, lo sé -dije sin interés. Sólo estaba sacando una foto a mi hermano, que posaba con desgana frente a la torre Sears.
Saturday, December 15, 2007
Kansado

De gente que dice mucho "aquello era una merienda de negros", de las faltas de ortografía, de la tecnología y de la candidez establecida en aras de la cordialidad y de la diplomacia interpersonal.
Pero agradezco profundamente los aviones y las largas esperas en los aeropuertos, su aprecio por el foie, el anonimato y las ojeras fruto de un irrefrenable deseo de escribir hasta dormido.
Friday, December 07, 2007
"This here's Miss Bonnie Parker. I'm Clyde Barrow. We rob banks"

Tuesday, November 27, 2007
Días de nobuk y té

Cansado de melodías bondadosas, implorando que me huela mal el aliento cuando ella me bese, pienso que ojalá pudiera tener los ojos suficientemente torcidos para asustar a mi vecina, que ya cuenta con 86 años y ha visto todos los horrores que se pueden ver, viviendo dos guerras, teniendo un marido sin dinero al que le faltan los dos brazos, víctima de un accidente con una fresadora, y un gato hipócrita que devora compungido los geranios que mi timorata mujer planta en nuestra ridícula terraza.
Bueno, en verdad sonaba algún vals sin darse importancia, de fondo, cuando fui a darle un sorbo a la infusión y apoyé mi codo en la mermelada de albaricoque esparcida sobre el horrible hule que tapa los años de la mesa redonda de la cocina.
Tuesday, November 20, 2007
Grados

Dos libros, una carpeta, un par de CD's, un estuche con lápices, una batería de portátil y un cable sobre varias revistas culturales de Chicago, Lisboa y Barcelona. Al lado, unos auriculares con micro y un teléfono móvil. Obviando mis manos agrietadas por el frío con sus mojones tecleando, otro cable y la piel de tres mandarinas.
No sé si necesito algo. Creo que todo me sobra.
Monday, November 19, 2007
Señora en fantasma

La hierba. Vi flores, vi hormigas. Un pájaro huía de las nubes mientras tú, señora en paracaídas, bajabas cautelosa al prado desde el cielo gris.
Posaste despacio los pies sobre verde y te acercaste a mí. Cuando te miré, de tu pecho salió un globo blanco lleno de helio, aprisa hacia arriba. Nunca llegué a entender ese instante, ni siquiera cuando comprobé que estabas desnuda y todo me pareció estupendo. Tampoco comprendí por qué, señora en pelotas, tu paracaídas había volado de vuelta a las nubes. Pero ya me habías cogido de la mano y paseábamos; lo demás importaba poco.
El viento te alborotaba el pelo, que enjaulaba tu cara con mechones castaños. Parpadeé algunas veces muy seguidas mientras te examinaba. Tu sonrisa me ruborizó, aunque no logré reconocer en ti a ninguna mujer: te habías acabado con los minutos, de paseo con otro fantasma. A mí me dio lo mismo, y seguí contándote cómo una señora en paracaídas bajó del cielo un día nublado.
