
No puedo decir que Arcadi sea mi amigo. Sólo lo conozco y sé en qué piensa cuando mamá lo llama desde la ventana: en el deber. El juego de detectives en la plaza queda suspendido. Sabe que debe ir a comprar el pan y subir a poner la mesa. Se da prisa, no se entretiene y camina serio. Más que serio, atareado. La panadera, que le quiere mucho, dice que es un sol y Arcadi se pone un poco rojo. Arcadi le cae bien a todos: es un niño prudente, diplomático y voluntarioso.
En el portal se junta con papá. Le cuenta que en la universidad un chico ha levantado la mano y ha dicho "alurir" en vez de "adurir". Cuánto se ríe Arcadi. Entran los dos a casa y se lavan las manos. Antes de colocar el mantel, Arcadi sonríe a mamá y le dice que se ha manchado un poco los pantalones de hierba. Mamá sonríe: "¡Vaya detective!".

